La noticia de la devastación por el fuego en un camping en Capmany (Girona, España) ya era portada en casi todos los medios de comunicación. Y, aunque ya habían pasado tres días desde el inicio del incendio que devastara 14.000 hectáreas en el Alt Empordà, decidí acercarme.

Al llegar al lugar de los hechos, me encontré con el marido de Mercedes, quien me comunicó que “la que se cuida del tema de los periodistas es mi mujer. Te dirá que no, pero si fuerzas un poco hablará contigo”.

Así pues, me fui a ver a Mercedes. Encontré a una mujer destrozada tanto psicológica como físicamente. Tal y como me lo advirtió su marido, Mercedes se negó, en un principio, a atenderme alegando que estaba muy cansada de responder a las preguntas de tantos periodistas. Cortésmente, le respondí que respetaba su decisión. Sin embargo, de pronto nos encontramos hablando de la dantesca situación en la que se encontraba el camping, de su estado anímico y del deseo de su marido de reabrir una parte del camping a principios de septiembre. Cuando ya me iba a despedir de ella, me dijo “¿quieres andar?”. Por supuesto, le respondí.

Bajo un sol de justicia, a las cuatro y media de la tarde y en compañía de la propietaria, visité lo que quedaba del desolado camping. Mientras hacía algunas fotos, Mercedes me relató lo ocurrido aquel terrible día. Asimismo, manifestó su enfado hacia el cuerpo de bomberos por no haber acudido. “Teníamos varios extintores repartidos por el camping y una piscina llena, podían haber hecho algo…”.

Fotos retiradas a petición del propietario del camping

Source: Michel Martinez B. - Fotógrafo

 

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