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Anzali lagoon, Iran, January 2019
Anzali lagoon, Iran, January 2019
Anzali lagoon, Iran, January 2019
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Arg shopping center, Sa'dabad st., Theran, Iran, February 2019
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El coraje de ser - Iran




Los jóvenes iraníes que crecieron bajo las restricciones de los mulás se han vuelto adicto a todas las culturas en las que los seres humanos viven libremente. A través de los canales extranjeros que las clases medias y ricas reciben a través de parábolas y redes sociales, se alimenta de imágenes y de una existencia que muchos jóvenes tratan de imitar a su manera. El uso excesivo de maquillaje, cortes de pelo coloridos, moda occidental, tatuajes y cirugía estética -como símbolo de libertad- se está convirtiendo en algo habitual en la ciudad de Rasht y en los distritos del norte de Teherán. Transgredir el miedo y lo que se dirá para tener una imagen de sí mismo que corresponda a los deseos del momento es tan importante como la emancipación, y subraya claramente el hartazgo de esta generación por ciertos valores islámicos tradicionales. Una imagen muy diferente a la que los ayatolás querían.

Y luego están las prohibiciones que afectan principalmente a las mujeres, como ir en bicicleta, asistir a un partido de voleibol o de fútbol, cantar en solitario o tener gestos afectuosos hacia su novio en público sin estar casada. Una lista larga y creciente porque incluso si las leyes en Irán se hacen y se deshacen de acuerdo con el radicalismo del nuevo fiscal electo -lo que está prohibido puede volverse "permisivo" de la noche a la mañana y viceversa- es extremadamente raro el cambio de una ley a favor de las mujeres y, en general, es sólo temporal. La mujer iraní sólo vale la mitad del hombre frente a la justicia de la República Islámica. A esto se le añade que tienen un estatuto inferior a la de los hombres por vivir en una sociedad patriarcal. Por lo tanto, es difícil para estas señoritas enfrentarse a la vida cotidiana si sus mentalidades difieren.

Para satisfacer una multitud de frustraciones, cada vez más jóvenes se arman de valores para superar las restricciones impuestas por las autoridades, a pesar de la vigilancia de casi 4 millones de Bassidji (la policía de la moral) -que representan el 5% de la población iraní- que vigilan las acciones cotidianas de sus ciudadanos. Algunos lo hacen por adrenalina, la gran mayoría por denunciar la falta de libertad y "sentirse vivo". Al tratar de imponer una serie de prohibiciones, el gobierno ha tenido su propia vuelta de la moneda. Sin embargo y aunque el régimen no puede pretender controlar a toda la población, sabe que ha adquirido una gran ventaja a lo largo de los años. Han pasado cuarenta años desde la revolución y nada ha sido realmente cuestionado y los pocos intentos han sido rápidamente acallados con la violencia. La generación post-Khomeini sabe que la mentalidad de una gran parte de los iraníes es un freno al cambio y que el conformismo y el ascenso del radicalismo no son un buen augurio.

Estos jóvenes que se atreven a expresar su deseo en lugar de respetar en el sentido estricto las leyes de los mulás ya no quieren pasar desapercibidos. A su manera, reivindican otra forma de emancipación, la de ser aceptados por su apariencia e ideas por una sociedad autoritaria, como son... diferentes.


Símbolos revolucionarios de la mujer iraní: maquillaje y ropa occidental

La belleza de la mujer iraní se caracteriza por unas cejas tatuadas y afiladas en forma ascendente; mejillas y labios tumefactos y perfilados, a los que en muchos casos se aplican inyecciones de bótox para realzarlos aún más; y, un maquillaje excesivo, desde el punto de vista occidental, para uniformizar el rostro y tapar todas las imperfecciones de la piel; y, uñas perfectamente cuidadas, largas y pintadas con vivos colores. La doctrina oficial sostiene que enseñar el cabello, la piel del cuello o los tobillos, es una provocación y excita a los hombres, de ahí la justificación del hijab, cuyo uso es obligatorio en todos los espacios públicos. Sin embargo, es habitual ver a chicas jóvenes con ropa informal y moderna, en un claro desafío a las normas impuestas por el régimen islamita. Las prendas de ropa ajustada, en concreto los leggings que marcan la silueta de forma más explícita que el pantalón clásico y que está prohibido por el Gobierno, se han convertido en símbolos revolucionarios de la mujer iraní. La juventud más atrevida muestra el Irán más aperturista: los chicos a la última moda occidental y las chicas apurando las estrictas normas islámicas, con el velo cubriendo una mínima parte del cabello o dejándose sueltas algunas mechas de pelo, como símbolo de rebeldía. Las mujeres iranís potencian aquello que pueden mostrar, la cara. “En Irán no importa tanto si tienes un buen cuerpo o unos bonito pechos, lo que cuenta es lo que se ve. Las mujeres iranís queremos ser las mejores, queremos ser únicas. Las mujeres occidentales pueden mostrar su cabello o su cuerpo, nosotras, no. Sólo podemos mostrar nuestra cara, por eso nos operamos y nos maquillamos tanto. Es la única manera de mostrar nuestra belleza. El hijab nos quita nuestra libertad”, afirma Ahdiehbr, joven estudiante de Estadística de 21 años que sueña en convertirse en modelo y poder viajar por el mundo.

Rinoplastia: una tendencia que va a más

Con la Rinoplastia los iranís pretenden rebajar el pronunciado tabique nasal, distintivo de Oriente Próximo, y elevar el lóbulo. En Teherán o Rasht, las ciudades más “permisivas” o “liberales” de Irán, es corriente ver pasear por las calles grupos de amigos o parejas con una tira en la nariz, símbolo inequívoco de que se han practicado una rinoplastia. Para los iranís es un orgullo operarse la nariz, incluso, algunos de ellos, siguen llevando la tirita mucho después de su operación. “En Irán la Rinoplastia no sólo es símbolo de belleza sino de estatus social”, afirma la Dra. Somayeh, cirujana plástica de 33 años de la cuidad de Lahijan, en Irán, que practica con el ejemplo pues ella misma tiene su nariz operada. Según la Dra. Somayeh, “hoy en día la rinoplastia es una tendencia en Irán que va a más. En el pasado se practicaba una rinoplastia cuando el paciente tenía algún problema y no podía respirar bien. Ahora es una moda. Muchas mujeres quieren una nariz más pequeña, otras una nariz fantasía. Sin embargo, yo las incito a estar más naturales y tener una nariz más simétrica según sea el contorno de su cara. Cada nariz es especial para cada tipo de cara. A cada paciente le practico una rinoplastia personalizada. Evidentemente, aún hay quienes sueñan con una nariz barbie”. Las mujeres iranís piensan que su nariz es muy grande y eso afecta a su autoestima. Quieren parecerse a las actrices de Hollywood. “La principal razón por la que las operaciones de cirugía estética han aumentado tanto en Irán es el descenso de la autoestima”, argumenta la Dr. Somayeh.” Cuando las mujeres no encuentran su lugar ni en la sociedad ni en su vida, ellas intentan encontrarlo en la cirugía. La cirugía estética entre las chicas jóvenes tiene un efecto positivo en el incremento de su autoestima y recurren al quirófano con la esperanza de disfrutar de una mejor vida social y de encontrar un buen marido”. A los hombres iranís les gustan las mujeres con unos labios grandes, nariz pequeña y ojos enormes.

El rostro como tarjeta de identidad

“La belleza para la mujer iraní, sobre todo para las jóvenes, es lo más importante, pues es nuestra tarjeta de identidad. Al tener que llevar hijab y ropa larga y ancha, la cara es lo que prevalece”, confiesa Ahdiehbr, quien se ha puesto la llamada “nariz barbie o fantasía”, lleva las cejas tatuadas, los labios botoxeados y, como la gran mayoría de mujeres iranís no religiosas, se maquilla mucho. Rehiane tiene 30 años, ha estudiado Ingeniería Informática en la Universidad de Rasht y trabaja en una compañía de construcción como ingeniera consultora, donde diseñan y supervisan proyectos gubernamentales. Está soltera y vive con su madre. Gana un buen sueldo que invierte en operaciones, tratamientos estéticos y dentista. Se ha hecho una rinoplastia y sueña con operarse los ojos, pues según la joven “sin maquillaje tengo los ojos muy redondos y me gustaría tenerlos más alargados”. Lleva ortodoncia para tener “unos dientes perfectos”. En Irán son más baratas las operaciones de cirugía estética que el dentista, puesto que los materiales utilizados se tienen que importar de otros países. Lleva las uñas perfectamente cuidadas, muy largas y afiladas, aunque sin color, y se ha decolorado la melena de rubio. Su estilismo hace pensar en una muñeca Barbie. “Las mujeres iranís siempre intentamos estar perfectas, para nosotras la belleza es muy importante. Si tuviera poder, aboliría la ridícula norma de llevar hijab”. “En Irán es tal la obsesión por la belleza que incluso en los hospitales mis compañeras van maquilladas y con las uñas pintadas”, se lamenta Setare, enfermera de profesión que no ha accedido a salir en foto. “En los hospitales está prohibido, para el personal sanitario, usar maquillaje. Sin embargo, todas van extremadamente maquilladas y con las uñas largas y pintadas con vivos colores. Yo no me maquillo, por lo que mis colegas me tratan de anticuada o vieja”.

Cortes de pelo, colores y tatuajes como rebeldía

En Irán no están prohibidos los tatuajes por la ley, pero son rechazados por las autoridades iranís. Los tatuadores que buscan trabajar en el país se arriesgan a ser multados, azotados o encarcelados. Milad, joven de 19 años de edad, trasgrede las normas tatuándose todo el cuerpo, lo que le ha costado serios problemas tanto con la gente como con la policía. “El Gobierno no acepta mis tatuajes; la gente dice que soy el diablo. He sido arrestado 2 veces. En una ocasión intentaron matarme en la cárcel porque decían que era Satán. Alguien como yo en Irán, es un frustrado”, se lamenta Milad. “Me gustaría que cambiaran muchas cosas en Irán, pero por lo que empezaría no es por el Gobierno sino por la sociedad iraní, por la mentalidad de la gente”. Nazanin, joven pastelera de 21 años, no es partidaria ni de la cirugía estética ni del bótox. Para Nazanin “la belleza está en el corazón, en la sonrisa y en los ojos de las mujeres. Algunas mujeres operadas y botoxeadas se convierten en auténticos monstruos y ni tan siquiera se dan cuenta”. Sin embargo, ella marca la diferencia con su peinado. “Un día me corté el pelo y me lo teñí de azul, pues me encanta este color. Al llegar a casa mis padres se enfadaron muchísimo y dejaron de hablarme durante una semana”, se lamenta la joven. Su transgresión le ha costado muchos disgustos con su familia, pero es su manera de ir contra un Gobierno que oprime a las mujeres y les obliga a lleva hijab, prenda que lleva caída como por descuido dejando al descubierto pácticamente toda su melena azul cortada a la manera occidental.

"Todo es posible en Irán"

“En la calle todo es apariencia”, explica Shoreh, joven enfermera de Rasht que desafía claramente las normas impuestas por el Régimen Islamista, “Las mujeres llevamos el hijab, no podemos fumar en público, no se puede beber… En realidad, todo es posible en Irán. En cualquier lugar (hoteles, restaurantes, incluso supermercados) puedes encontrar alcohol, tabaco importado y otras sustancias (evidentemente no está a la vista). Las mujeres fuman en los coffee shop y, las más atrevidas, en alguna calle escondida de Teherán o Rasht. La gran mayoría de la población iraní no es religiosa. Tuvimos que abrazar la religión musulmana por obligación, pero no somos practicantes”. “Rasht es la ciudad más permisiva de Irán” argumenta Anahita, amiga de Reihane, maquilladora y tatuadora de cejas, quien se emplea a fondo con el maquillaje, usa pestañas y uñas postizas y lleva ortodoncia. “Hay restaurantes donde ponen música y la gente baila. Si pasa la policía, les ponen una multa a los dueños del local. Pero, esto no es un problema si tienes dinero. En Irán hay mucha corrupción debido a las prohibiciones del Estado. También en la calle la gente bebe disimuladamente. Llevan encima una petaca y mezclan el alcohol con la bebida. Los jóvenes hacemos fiestas privadas en casa de los amigos y vamos vestidas a la moda occidental, con minifalda y escotes, bebemos alcohol, fumamos y bailamos al ritmo de la música que suena en Europa. Aunque el Gobierno lo sabe, no pueden hacer nada: no pueden poner a todo el mundo en la cárcel”. El Pala Kebab es un exclusivo y cotizado restaurante iraní ubicado en la ciudad de Rasht donde hay música en directo. Cuando la luz baja, la mayoría de mujeres dejan caer su hijab y encienden sus cigarrillos; cuando la luz vuelve a intensificarse, se arreglan el velo y apagan sus cigarrillos. Los comensales llevan vodka en sus petacas y la mezclan con limonada. El ambiente empieza a caldear y todo el mundo se mueve al ritmo de la música sentado en su silla. Aunque está prohibido bailar, algunos osados se levantan y comienzan a dar algunos pasos. Al momento, llegan los vigilantes y los obligan a sentarse. Tanto hombres como mujeres, fuman la shisha después de cenar. “Esto sólo es posible en la ciudad de Rasht, en el resto de Irán, no”, afirma Anahita

“Queremos recuperar nuestros derechos sociales”

Con el régimen de los mollahs, eruditos musulmanes, las mujeres perdieron todos sus derechos sociales. Las mujeres pueden ir a la universidad, pueden ser médicos o ingenieros, pero hasta el fin de sus días, estarán sometidas a la tutela masculina, sea del padre o del marido, quienes decidirán si pueden estudiar o trabajar. Asimismo, Irán emplea miles de agentes encubiertos, la llamada policía de la moral o bashashi, para hacer cumplir las normas impuestas por el Régimen Islamista. Irán acusa a las mujeres que se quitan el hijab de incitar a la prostitución. Cada miércoles, decenas de mujeres se quitan su velo, durante unos 10 minutos, para protestar y reivindicar su derecho a no llevar hijab, desafiando a un régimen que las oprime. Los llamados miércoles blancos o whitewednesday comenzaron en diciembre del 2017, cuando Vida Movadeh, una mujer de 31 años, apareció en un vídeo agitando su hijab ante una multitud. La mujer fue arrestada pero las imágenes de su protesta se viralizaron sirviendo de inspiración a cada vez más mujeres. La abogada y activista para los Derechos Humanos Nasrin Sotoudeh ha sido condenada a 33 años de prisión y 148 latigazos por defender a las mujeres que se quitaron el hijab. Mobina, joven estudiante de Psicología en la universidad de Teherán y amiga íntima de Nazanin, asegura que “nadie quiere este Gobierno; a nadie le gustan las leyes impuestas por el Estado. Demasiadas prohibiciones… Pero, todo el mundo tiene miedo. El Estado lo controla todo y a todos. No tengo esperanzas de cambio en el Gobierno iraní. Las mujeres nos sentimos oprimidas”.





Texto: Eva Rubio | Fotografías: Michel Martinez B.